Hitler y su torneo de Golf

Hitler y el Golf. Mientras Alemania esperaba el inicio de las Olimpiadas de Berlín en 1936, el Führer patrocinaba un Abierto de Golf. Todas las miradas del territorio germano se centraban en las Justas Olímpicas, y el golf, que desde 1904 había dejado de ser olímpico, en ese momento le importaba a muy pocas personas.


Sin embargo, el líder alemán, que según cuentan nunca cogió un palo de golf en su vida, realizó un torneo al que fueron siete países a competir. El premio era nada más y nada menos que un trofeo llamado “Adolph Hitler”, el cual reposó durante varios años en una casa de antigüedades de un coleccionista alemán.


En ese momento, el partido nazi de Hitler había consolidado su poder. El Golf, como se recuerda, no formaba parte del programa olímpico, era casi parte del paisaje alemán en ese entonces. Pero Hitler estaba dispuesto a utilizar todos los deportes con fines de propaganda política para seguir imponiendo su imperio de cara a los Olímpicos.

Entre los objetivos que tenía había una persona clave, se trataba de Karl Henkell, el llamado “Golf Fuhrer”, presidente de la Unión Alemana de Golf. A diferencia de Hitler, Henkell fue producto de una familia rica, creadores de un conocido vino espumoso alemán y una persona muy bien posicionada económicamente.

Un ejemplo claro del poder de Henkell es que en la primavera de 1936 realizó una gira por la costa este de los Estados Unidos, con varias paradas importantes en los campos más importantes de ese país, incluido Augusta National. Una foto muestra a Henkell de pie en compañía del co-fundador del club y legendario jugador Bobby Jones.

Un total de 36 países fueron invitados, pero la mayoría, incluyendo a Estados Unidos, rechazaron la oferta. Aunque el inicio de la Segunda Guerra Mundial se demoraría tres años en comenzar, varias historias alarmantes se fueron filtrando fuera de Alemania. El golf, por supuesto, no tenía nada que ver, pero el juego no era inmune a la influencia de Hitler.

Al inicio del evento, antes de agosto de 1936, los golfistas de siete países (Alemania, Inglaterra, Francia, Italia, Hungría, Checoslovaquia y los Países Bajos) se reunieron en Baden-Baden, una ciudad turística a varias horas del oeste de Berlín. El torneo fue transmitido por la radio alemana, y sus dos primeras rondas produjeron un resultado sorprendente.

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Alemania, representada por Leonard von Beckerath y CA Helmers, tenía una ventaja de cinco golpes sobre Inglaterra, que había llevado a sus dos mejores jugadores. A la mañana siguiente, los ingleses Bentley y Thirsk cortaron esa diferencia, pero al entrar en los finales 18, los alemanes se mantuvieron hasta por tres.

En ese momento no se supo por qué tras el triunfo alemán, los que se quedaron con el trofeo fueron los dos jugadores ingleses. Una orden de Hitler a su Ministro de Relaciones Exteriores, Joachim Von Ribbentrop, ordenaba que el trofeo no podía ser para Alemania.

Tiempo después, se supo que hizo eso solo por generar una buena imagen ante el mundo, teniendo en cuenta que los Olímpicos estaban a nada de comenzar, la idea era hacer pensar que Alemania no influiría en los resultados deportivos, circunstancia que no ocurrió ya que en los Olímpicos la idea de Hitler era “mostrar la supremacía de la raza alemana” en todos los aspectos. Cosa que logró al final con un total de 89 medallas.

Por muchos años se dijo que el trofeo estaba desaparecido, pero en 2004 un escultor escocés le dijo al famoso diario “The Daily Telegraph” que lo tenía en su casa desde 1990. Tras una subasta un club de Alemania lo compró y ahora reposa, con muchos cuidados, en una vitrina de un club germano.

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